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El árbol de los sentidos
Oonya Kempadoo
Tusquets Editores,
Barcelona
1999
RECUERDOS DE
GOLDEN HOPE
MANUEL TALENS
El árbol de los sentidos es una interesantísima novela de
ambientación tercermundista narrada en primera persona por Lula, el
personaje central, que relata, desde la edad adulta, los años de su
infancia y adolescencia en Golden Hope, un pueblecito de la antigua
Guayana Inglesa.
La
estructura de la novela no busca un encadenamiento de los hechos narrados
y aunque la secuencia temporal es lineal, los capítulos avanzan de manera
fragmentaria, abriendo el horizonte de Lula de manera gradual (casa,
calle, vecinos, campo, mar), como un abanico al desplegarse, presentándonos
escenas de una plasticidad muy visual, cinematográfica, que logran un
retrato más que persuasivo de la vida rural en un país de independencia
reciente, aquejado de miseria, incultura, violencia y tensiones raciales.
Para colmo de males, el país vive los años de una dictadura
marxista-leninista bajo el mandato de Linder Forber Burnham, con toda su
carga de injusticias, arbitrariedades, terror, incompetencia institucional
y corrupción. Lula observa todo eso a través de unos ojos infantiles que
conservan la inocencia. La niña, educada en casa por sus padres —una
maestra y un antiguo periodista recientemente regresados al país, con
ansias de hacerlo progresar—, va siempre acompañada por Sammy (su
hermana pequeña), y por sus amigas Rachel, de su misma edad, y Judy, tres
años mayor. Las cuatro juegan y crecen juntas, en el vecindario asisten
como espectadoras a escenas de violencia conyugal, de linchamientos, de
violencia paterna y materna, de tiroteos nocturnos por parte de la policía,
de sexualidad entre animales y con animales y (como es natural en un medio
como el Caribe y la costa norte de América del Sur, donde el sexo está a
flor de piel), se sienten atraídas por la genitalidad del género
opuesto, el masculino. El capítulo 4 trata de manera muy hermosa y franca
las tentativas iniciales de autocomplacencia erótica, en las que las niñas
aprenden a masturbarse e interpretan por parejas los papeles social y
sexual de marido y mujer, utilizando de forma conmovedora una pila eléctrica
que hace de pene. A hurtadillas miran también los libros de iniciación
sexual que los padres de Lula guardan en los anaqueles de su biblioteca.
Pero quizá lo más importante de su visión del mundo sea que el sexo
para ellas, con ser algo atrayente y obsesivo, carece de carácter
pecaminoso, pues la única reserva que guardan hacia él se basa en las
consideraciones sociales y raciales que observan de manera especular en
los adultos del pueblo.
El tiempo, sin embargo, las va
separando y colocando en su lugar, sobre a todo a las dos mayores, Lula y
Judy, que son las que llevan el peso de la narración (Rachel y Sammy
sirven aquí únicamente de eco). Es éste uno de los aspectos más
interesantes del libro —raro en una autora primeriza—, que consiste en
haber logrado que el lector «deduzca», sin que la voz narradora se lo
diga, que clase social y destino van íntimamente ligados. Los padres de
Judy —los DeAbro, de origen portugués—, son incultos, de instintos
muy primarios, racistas, violentos, animalizados. Los de Lula —hindú y
europea— son abiertos, interraciales, cultos y mantienen una sana
complicidad con sus hijos. Judy termina envuelta en un torbellino que le
hace repetir los mismos errores de su clase. Lula, en cambio, se va a
Inglaterra.
La
inmovilidad del país y de la vida en Golden Hope está descrita de manera
magistral en el capítulo primero. En medio de todo ese mundo, se alza la
imagen poética de Buxton Spice, el árbol de los sentidos, un enorme
mango situado en el terreno de la casa de Lula, al que ésta le atribuye
capacidad de pensar, de gruñir al viento, de observar el entorno del
pueblo —incluso el mar a lo lejos, el país entero, la casa del
Presidente—, de conocer sus secretos más íntimos... y al que al mismo
tiempo odia, porque el enorme tamaño de su tronco no le permite subirse a
sus ramas. Será Buxton Spice el último en recibir el desprecio de Lula
antes de partir, desprecio que no es más que un desplazamiento del que
siente por el país. El capítulo 7, en sus páginas nos muestra a una
Lula que juzga con severos calificativos la situación política de su país
y de la escuela secundaria a la que asiste (reacción que prepara al
lector para su posterior salida de la Guayana). Si bien desde mi condición
de lector creo que este defecto es leve -puesto que Lula narra en primera
persona y todo el mundo tiene derecho a emitir sus opiniones en nombre
propio-, pienso que la situación caótica del país estaba ya
estupendamente descrita con las intervenciones de la policía, con las
interacciones de los personajes y con la posterior y arbitraria detención
de su madre por un asunto burocrático, sin necesidad de que ella, en sólo
cinco páginas, altere una visión distante que había mantenido con
pericia y seguridad admirables desde el principio.
Además,
puestos a juzgar políticamente —la novela está escrita desde la edad
adulta, cuando Lula es capaz de emitir opiniones de ese cariz—, quizá
hubiera podido analizar el porqué de una situación social gestada en exclusiva por el colonialismo inglés. Pero Inglaterra le sirve a
Lula sólo de vía de escape, de solución, con lo cual uno se queda con
el regusto un poco amargo y parcial
de anticomunismo visceral, como si el Primer mundo, además de haber
creado la democracia, no fuera también culpable y semillero de racismo e
injusticias. Y así, como en este texto, las mejores mentes de las
antiguas colonias terminan trabajando para la metrópoli... y en la metrópoli.
Pero ése es otro problema...
Los
personajes están creados con un pulso muy firme. A destacar Emelda DeAbro,
la portuguesa, guardiana de sus hijos, defensora de la célula familiar y
verdugo inflexible de las desviaciones, quizá la mejor trazada de todos.
Lula y Judy, perfectas en su papel de adolescentes. Pero hay otros muchos
personajes que sólo aparecen un instante, llenos de vida: Theo, el
cuidador de cerdos; Ricardo, el marido de Emelda; Tia Ruth, la bruja; las
tres putas de Golden Hope; los padres de Lula...
En
definitiva, una primera novela muy digna, de claro carácter autobiográfico.
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