A
principios de este mes de abril, a lo largo de una entrevista
radiofónica que me hicieron en TeleSUR para acompañar a las imágenes
de manifestaciones y disturbios callejeros en Francia contra la
malhadada ley del CPE (Contrato de Primer Empleo), saludé el coraje
del pueblo francés, el único en Europa todavía capaz de resistir
algunos de los ataques más insolentes del neoliberalismo. El año
pasado ya lo demostró al darle el golpe de gracia, mediante
referéndum, a un proyecto de constitución europea que aspiraba a
implantar la economía capitalista como sujeto soberano bajo la fachada
de la democracia occidental, y ello a pesar de que tanto la derecha
gobernante en el Elíseo como el aparato político oficial del poderoso
Partido Socialista Francés (PSF) -la “izquierda” burguesa- habían
avalado aquel texto infumable salido de la pluma del dinosaurio
político Valéry Giscard d’Estaing [1]. Vale la pena recordar que pocas
semanas antes del “no” francés el pueblo español se había tragado sin
rechistar esa misma píldora, en este caso administrada por los
“izquierdistas” burgueses del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
[2], y que otros nueve países de la UE (Alemania, Austria, Bélgica,
Eslovaquia, Eslovenia, Grecia, Hungría, Italia y Lituania) también
acababan de aceptar -ya fuese en referéndum o por decisión
parlamentaria- el proyecto constitucional europeo.
Asimismo, el país galo fue noticia planetaria durante los meses de
noviembre y diciembre de 2005, cuando los jóvenes sin porvenir de los
guetos que rodean cada urbe francesa descubrieron -quizá sin
pretenderlo- una nueva forma de lucha de clases al quemar, noche tras
noche durante muchas semanas, el símbolo “metafórico” del capitalismo
corporativo occidental: el automóvil [3,4]. La ley del CPE, impuesta
luego por el actual primer ministro Dominique de Villepin en la
Asamblea Nacional Francesa sin ningún tipo de negociación previa, fue
justamente el remedio con el que el gobierno pretendía curar la causa
de aquellos disturbios, un remedio que, como suele decirse, era peor
que la enfermedad, pues imponía con el peso del parlamento una
precariedad laboral que, sin dicho aval, es sólo un exceso “tolerado”
mediante el cual la patronal capitalista se arroga el derecho de
someter a millones de jóvenes y menos jóvenes a un estado de continua
proletarización e incertidumbre al privarlos de un trabajo con futuro
[5].
Francia, que conserva en los genes de la memoria las imágenes de aquel
mayo indescriptible de 1968, ha vuelto a dar un ejemplo al mundo en
2006 ganándole este pulso al hasta ahora carismático De Villepin y
quebrando en pocas semanas su imparable trayectoria ascendente, que
hubiese podido llevarlo al sillón presidencial en las próximas
elecciones de 2007 [6].
El lado oscuro de la República Francesa
En un
reciente mensaje de correo electrónico a su lista de envíos, el
escritor belga Michel Collon se asombra de las opiniones
distorsionadas que tiene el público neoyorquino sobre Francia, pues en
un documental emitido por la cadena televisiva francoalemana Arte los
entrevistados decían generalidades tales como “Francia es un país
socialista”, “los franceses se pasan todo el tiempo de vacaciones”
o “los jóvenes manifestantes contra el CPE esperan que el gobierno les
encuentre un trabajo en vez de buscarlo ellos” [7]. ¿Qué imagen
fantasiosa dan los medios de comunicación estadounidenses de los
franceses?, se pregunta Collon. A lo cual cabría responder que los
medios globales, no sólo estadounidenses sino de todas partes, están
hoy en manos de multinacionales y se han convertido en los nuevos
misioneros del capitalismo corporativo [8,9], por lo que transmiten la
imagen que les conviene para su propio beneficio, nunca la imagen de
la realidad.
La
mejor manera de que nada cambie en Francia consiste en presentarla
ante la opinión pública mundial como un país capaz de vencer a la
globalización neoliberal con manifestaciones callejeras, algo que es
rigurosamente falso pero que sirve para dar buena conciencia al
movimiento antiglobal, mientras que los políticos profesionales y sus
socios corporativos siguen destruyendo la función del estado del
bienestar.

El grito, por Juan Kalvellido
¿Es
lógico, entonces, admirar a la República Francesa en su calidad de
aparato institucional? Yo pienso que no, pues una cosa es sentir
orgullo como seres humanos ante el coraje social de personajes de la
izquierda extraparlamentaria gala como el sindicalista José Bové o
ante la visión de esos millones de franceses solidarios que no dudan
en echarse a la calle a protestar y otra muy distinta creer que, en la
práctica, su gesto tenga más valor -aunque sea mucho, ojalá el resto
de occidentales fuésemos como ellos- que el de unos paños calientes
sobre la piel dolorida de un enfermo canceroso, capaces de aliviar el
sufrimiento, pero nada más, pues la única esperanza real de una cura
sería la extirpación quirúrgica de su mal. Francia, como casi todos
los países, está enferma de capitalismo y no será la derrota de la ley
del CPE lo que desequilibrará allí la balanza entre ricos y pobres. En
otras palabras, las leyes y los políticos pasan, pero el sistema
permanece. Es posible que Dominique de Villepin llore y grite hoy
amargamente su descalabro a la manera munchiana que ha plasmado
Kalvellido, pero mañana su silla estará ocupada por otro colega tan
nefasto como él, y aquí paz y allá gloria.
La
República Francesa, ya se sabe, surgió de una revolución cuyo objetivo
principal era destruir el feudalismo para reemplazarlo por el orden de
la burguesía y eso, por desgracia, se nota. Sigue siendo la república
que restableció la esclavitud inicialmente abolida en su colonia de
Haití, de tal manera que el pequeño país caribeño hubo de conquistar
con sangre su independencia; la misma que se opuso a la Comuna,
castigó a Dreyfus, colaboró con el nazismo, peleó una guerra sucia en
Argelia, se deshonró en Indochina [10], aplastó el Mayo francés,
atentó contra Greenpeace, hizo explotar bombas atómicas en el
Pacífico, sigue manteniendo un ejército colonial en África y en fechas
recientes ha acompañado a USA en el impúdico golpe de estado contra el
presidente constitucional haitiano Jean-Bertrand Aristide. Desde
cualquier punto de vista que toque de cerca el ideal de solidaridad
entre los seres humanos, la República Francesa es una auténtica ruina.
De
Robespierre a Chirac han evolucionado las formas, pero no el fondo.
Los revolucionarios burgueses no buscaban mejorar el mundo, sino sólo
las prerrogativas de la clase social a la que pertenecían. Chirac
tampoco y aún menos Mitterrand, representante perfecto de la
socialdemocracia, corrupción del ideal socialista que acepta el
capitalismo y con ello desnaturaliza la izquierda y la convierte en un
simple eslogan para ganar elecciones inútiles. Es verdad que, puestos
a estar mal, siempre será mejor tener al frente del estado a un
Mitterrand que a un Chirac, pero eso es todo. El límite que separa la
injusticia social de la redistribución democrática de la riqueza nunca
estuvo en peligro en Francia, ni con el uno ni con el otro.
La nostalgia de
Charles Trenet
Como siempre, quizá hayan sido los artistas quienes
mejor han plasmado la realidad del entorno donde les tocó nacer o
vivir. Bernal Díaz del Castillo, Victor Hugo, S. M. Eisenstein o Pablo
Picasso nos dejaron monumentos imperecederos que permiten analizar
dialécticamente las condiciones socioeconómicas de su época. Pero no
voy a ocuparme en este ensayo de obras consideradas “mayores” por los
popes de la cultura, sino de dos sencillas canciones, en apariencia
insignificantes -¿quién sería el insensato que etiquetó la canción
popular como un sucedáneo del arte?-, pero que definen a la perfección
la ideología de la República Francesa como aparato de poder: la
primera -Douce France- desde el punto de vista laudatorio de la
burguesía y la segunda -Ma France- desde el de la izquierda
revolucionaria.
Todo
texto, ya sea fílmico, pictórico o literario, “es” lo que dice, con
independencia de quien lo filmó, lo pintó o lo escribió. Y, salvo por
pura anécdota acompañante, es una falacia incluir datos relativos a la
biografía del autor entre los elementos de su análisis. Es cierto, el
gran chansonnier francés Charles Trenet (1913-2001) [11], a
quien se le debe La Mer y Douce France -dos de las
canciones más famosas de todos los tiempos en el país galo- nació en
el seno de una familia acomodada: su padre era notario, lo cual
permitió que el pequeño Charles accediese a la cultura en una época
particularmente penosa para las clases humildes de Francia y, sin
duda, este detalle nada insignificante contribuyó al sesgo ideológico
de Douce France, que tal como puede comprobar el lector aquí
abajo, hace hincapié con nostalgia en sus recuerdos personales, pero
sin trascenderlos en absoluto. No en vano se ha dicho que la
nostalgia, con la buena conciencia acrítica que proporciona, es un
sentimiento de derechas. Todo en Douce France -escrita en 1943,
durante el gobierno de Vichy- es de color de rosa: el camino hacia la
escuela, los paisajes, las casas, el horizonte. ¿Y qué decir de esa
terrible palabra, “inconsciencia”, que inconscientemente se
escapa en medio de los versos como un lapsus freudiano? Olvidémonos
por un instante de Charles Trenet para centrarnos en la “voz
narrativa” que cuenta la historia, ese “artefacto de comunicación” que
es quien en realidad le habla al lector/oyente y que no representa
sino a la voz de la burguesía francesa: sus palabras felices se sitúan
en esa tierra de nadie de la autocomplacencia narcisista y destapan el
egoísmo congénito burgués, su incapacidad de compasión o de rabia ante
las desigualdades sociales que supuran por la pústula capitalista. La
Francia que se despliega junto a los compases de Douce France
es el país de las maravillas, el jardín del Edén, la idea alucinatoria
que de sí mismo tiene el aparato estatal de la República Francesa, con
sus alardes de grandeur, su egolatría y su retórica hueca de
derechos humanos, democracia, libertad, igualdad y fraternidad.
|
Douce
France
[12] |
Dulce
Francia
|
|
Il
revient à ma mémoire
Des souvenirs familiers
Je revois ma blouse noire
Lorsque j'étais écolier
Sur le chemin de l'école
Je chantais à pleine voix
Des romances sans paroles
Vieilles chansons d'autrefois
Douce
France
Cher
pays de mon enfance
Bercée de tendre insouciance
Je t'ai gardée dans mon cœur !
Mon village au clocher aux maisons sages
Où les enfants de mon âge
Ont partagé mon bonheur
Oui je t'aime
Et je te donne ce poème
Oui je t'aime
Dans la joie ou la douleur
Douce France
Cher pays de mon enfance
Bercée de tendre insouciance
Je t'ai gardée dans mon cœur
J'ai
connu des paysages
Et des soleils merveilleux
Au cours de lointains voyages
Tout là-bas sous d'autres cieux
Mais combien je leur préfère
Mon ciel bleu mon horizon
Ma grande route et ma rivière
Ma prairie et ma maison. |
Me vienen a la
memoria
Recuerdos familiares
Veo de nuevo mi guardapolvo negro
De estudiante
Camino de la escuela
Cantando a voz en grito
Romanzas sin palabras
Viejas canciones de antaño
Dulce Francia
Querido país de
mi infancia
Mecida con tierna inconsciencia
Estás en mi corazón
Mi pueblo, el campanario, las casas apacibles
Donde los niños de mi edad
Compartieron mi felicidad
Sí, te amo
Y te ofrezco este poema
Sí, te amo
En la alegría y en la pena
Dulce Francia
Querido país de mi infancia
Mecida con tierna inconsciencia
Estás en mi corazón
He conocido
paisajes
Y soles maravillosos
Durante largos viajes
Todo lo que hay bajo otros cielos
Pero sigo prefiriendo
Mi cielo azul, mi horizonte
Mi camino, mi río
Mi pradera y mi casa.
|
El ojo
inquisitivo de Jean Ferrat
Del otro lado del espectro ideológico se encuentra la
canción Ma France, con letra y música del cantante Jean Ferrat
(1930- ) [13], escrita en 1969, tras el fracaso del Mayo francés.
Ferrat, una de las glorias vivas de la época dorada de la chanson
française junto a Charles Aznavour, ha tenido una proyección
internacional mucho menor que éste o que otros monstruos como Gilbert
Bécaud, Charles Trenet o Édith Piaff, y ello probablemente a causa de
su inamovible compromiso con la izquierda marxiana. Acérrimo y
consecuente internacionalista, ha rendido homenajes musicales a
Antonio Machado o a Federico García Lorca y le ha puesto música a
muchos poemas de Louis Aragon y otros poetas de la izquierda. A él se
le deben canciones inolvidables como Cuba sí, Potemkine,
La Montagne, À Santiago (de Cuba) o esa maravilla
titulada Nuit et brouillard sobre las víctimas del nazismo. Pero
centrémonos en Ma France, que Ferrat canta con su hermoso
timbre acariciador. Al igual que en Douce France, la voz
narrativa no oculta en ningún momento el amor por el país al que están
dedicados estos versos (Je n'en finirai pas d'écrire ta chanson /
Ma France), pero no hay nostalgia en ella ni ocultación del lado
oscuro de su historia. Antes al contrario, la amarga realidad surge de
improviso para interpelar a los políticos profesionales que ensucian
el nombre de la república (Cet air de liberté au-delà des
frontières / Aux peuples étrangers qui donnaient le vertige / Et dont
vous usurpez aujourd'hui le prestige) y recordarle al
lector/oyente que una parte del pueblo francés sí tiene memoria
revolucionaria (Elle répond toujours du nom de Robespierre / Ma
France). Una vez establecidas tales premisas, la voz narrativa
toma partido y se sitúa sin ambigüedades en el bando de los
desheredados -tan alegremente omitidos, como si no existiesen, en
Douce France-, de los niños que trabajaban en las minas, de los
obreros en las fábricas, de aquellos que, como Marx señaló, sólo
poseen la fuerza de sus brazos, y termina en apoteosis con una imagen
poética de la Francia insurrecta, la que surge de las minas y baja de
los montes, la Francia hermosa, la rebelde. El ojo inquisitivo de Jean
Ferrat no sufre de ceguera culpable como el de Trenet, sabe muy bien
cuál es la realidad de la República Francesa y estos versos, que ya
tienen treinta y siete años, no han envejecido: cualquiera podría
haberlos escrito hoy.
|
Ma
France
[14] |
Ma
France
|
|
De
plaines en forêts de vallons en collines
Du printemps qui va naître à tes mortes saisons
De ce que j'ai vécu à ce que j'imagine
Je n'en finirai pas d'écrire ta chanson
Ma France
Au
grand soleil d'été qui courbe la Provence
Des genêts de Bretagne aux bruyères d'Ardèche
Quelque chose dans l'air a cette transparence
Et ce goût du bonheur qui rend ma lèvre sèche
Ma France
Cet
air de liberté au-delà des frontières
Aux peuples étrangers qui donnaient le vertige
Et dont vous usurpez aujourd'hui le prestige
Elle répond toujours du nom de Robespierre
Ma France
Celle
du vieil Hugo tonnant de son exil
Des enfants de cinq ans travaillant dans les mines
Celle qui construisit de ses mains vos usines
Celle dont monsieur Thiers a dit qu'on la fusille
Ma France
Picasso tient le monde au bout de sa palette
Des lèvres d'Éluard s'envolent des colombes
Ils n'en finissent pas tes artistes prophètes
De dire qu'il est temps que le malheur succombe
Ma France
Leurs
voix se multiplient à n'en plus faire qu'une
Celle qui paie toujours vos crimes vos erreurs
En remplissant l'histoire et ses fosses communes
Que je chante à jamais celle des travailleurs
Ma France
Celle
qui ne possède en or que ses nuits blanches
Pour la lutte obstiné de ce temps quotidien
Du journal que l'on vend le matin d'un dimanche
A l'affiche qu'on colle au mur du lendemain
Ma France
Qu'elle monte des mines descende des collines
Celle qui chante en moi la belle la rebelle
Elle tient l'avenir, serré dans ses mains fines
Celle de trente-six à soixante-huit chandelles
Ma France |
De llanuras a
bosques de valles a colinas
De la primavera que nace a tus estaciones muertas
De lo que he vivido y de lo que imagino
No acabaré nunca de escribir tu canción
Mi Francia
Bajo el sol
veraniego que inclina la Provenza
De las retamas de Bretaña a los brezos de la Ardecha
Hay algo en el aire que le presta transparencia
Y ese gusto a felicidad que me seca los labios
Mi Francia
Ese aire de
libertad que traspasa fronteras
Que enaltecía a los pueblos extranjeros
Y del que hoy vosotros usurpáis el prestigio
Ella sigue respondiendo al nombre de Robespierre
Mi Francia
La del viejo
Hugo despotricando en el exilio
La de los niños de cinco años trabajando en las minas
La que construye vuestras fábricas con sus manos
La que Thiers dijo, que la fusilen [15]
Mi Francia
Picasso
sostiene el mundo con su paleta
De los labios de Éluard vuelan palomas
No terminan nunca tus artistas profetas
De repetir que ya es hora de aniquilar la desgracia
Mi Francia
Sus voces se
multiplican y forman una sola
La que siempre paga por vuestros crímenes y errores
Y llena la historia y sus fosas comunes
La que yo canto siempre, la de los trabajadores
Mi Francia
Aquella cuyo
oro son sus noches de insomnio
En la lucha obstinada por el pan cotidiano
Del periódico que se vende la mañana del domingo
Al cartel que se pega en las paredes del mañana
Mi Francia
La que surge de
las minas y baja de los montes
La que canta en mí, la hermosa, la rebelde
Tiene el porvenir entre sus manos delicadas
La que va del treinta y seis al sesenta y ocho [16]
Mi Francia
|

La libertad
guiando al pueblo hace agua,
transfotografía anónima de arte digital con movimiento añadido
encontrada en la red, según el cuadro original de Eugène Delacroix
(1798-1863)
La democracia
burguesa como problema
El
loable espíritu de lucha del pueblo francés, que es una de las
consecuencias más maravillosas de su Revolución, hace que a los
políticos burgueses que controlan el aparato estatal de la República
les sea muy difícil engañar a las masas cuando las mentiras son de
grueso calibre y ésa es una de las características fundamentales que
diferencian a los franceses del resto de sus vecinos europeos, todos
ellos presa fácil de los aprendices de brujo que controlan la res
publica continental. Sin embargo, en el mundo globalizado de poco vale
ganar batallas parciales como la de la constitución europea o la de la
ley del CPE, pues éstas no son sino meros accidentes en el camino del
neoliberalismo, que sigue bien atrincherado en el aparato estatal. Por
el momento al menos, esta guerra sin cuartel contra las libertades
populares la va ganando el enemigo, pues el auténtico problema -no lo
dude el lector- es el orden socioeconómico que la democracia burguesa
defiende y representa en Occidente, desde Helsinki a Buenos Aires. Ese
orden, inalterado a día de hoy, funciona como una camisa de fuerza que
bloquea cualquier avance hacia el socialismo. Los partidos franceses y
europeos autodenominados de izquierda y con posibilidades de gobierno
–autodenominación que los medios corporativos globales aceptan con
deleite, lo cual es una prueba más de que en realidad se trata de una
falsedad- son a lo sumo socialdemócratas, únicamente interesados en
disfrutar de las prerrogativas del poder.
Conforme se acerca la fecha de las elecciones presidenciales de 2007
en Francia, y tras la caída en desgracia de Dominique de Villepin, hoy
sólo se perfilan dos candidatos capaces de liderar a los bandos en
contienda: Nicolas Sarcozy en el lado de la derecha clásica (pues el
fascista Front National hace mucho ruido, pero nunca ganará) y
Ségolaine Royal en el de la derecha moderada, es decir, la del Partido
Socialista Francés. Esta última, compañera en la vida privada de
François Hollande, el secretario general del PSF, está siendo objeto
en las últimas semanas de una auténtica campaña de relaciones públicas
por parte de todos los medios de comunicación, algo que sin duda la
llevará a la investidura como candidata de la “izquierda”. Pero
incluso si consigue convertirse en la primera mujer que accede al
puesto de Presidente de la República, el modelo de sociedad no
cambiará, pues en Europa en general, y en Francia en particular, aún
están por nacer los Castro, Chávez, Marcos o Morales que son el sol
resplandeciente de América Latina, el único lugar en el mundo, ya lo
he dicho en otras ocasiones, donde habita la esperanza.
NOTAS
[1]
Valéry Giscard d’Estaing (1926- ), presidente de la República Francesa
de 1974 a 1981.
[2] El
porcentaje de abstención en España fue enorme, el 57,68%.
Véase
www.elmundo.es/especiales/2005/02/espana/constitucioneuropea/resultados/globales/.
[3] Véase Michel Collon, Banlieues
: 10 questions (www.michelcollon.info/articles.php?dateaccess=2005-11-14%2012:10:56&log=articles)
[4] Véase Manuel Talens, Lucha de
clases en el patio trasero del país de Robespierre (www.rebelion.org/noticia.php?id=22369)
[5] Véase Osvaldo Coggiola,
Francia inaugura una nueva etapa política en Europa (www.rebelion.org/noticia.php?id=30303).
Traducción de S. Seguí y Ulises Juárez Polanco. Revisión de Caty R.
[6]
Dominique de Villepin es un diplomático de carrera con físico de actor
de cine que nunca se ha presentado a unas elecciones. En 2005 el
presidente Jacques Chirac lo eligió a dedo para sustituir al nada
carismático Jean-Pierre Raffarin en el cargo de primer ministro y
contrarrestar así entre la opinión pública, de cara a las próximas
elecciones presidenciales de 2007, los cada vez mejores porcentajes de
aceptación que obtiene el ultraconservador Nicolas Sarkozy, a quien el
presidente detesta a pesar de pertenecer a su propio partido. En una
sociedad mediática como la actual, en la que la imagen suplanta a las
ideas, todo le ha ido bien al atractivo De Villepin hasta que cometió
el error de tratar de imponer la ley del CPE, error que probablemente
le ha costado su futuro político.
[7] Véase Michel Collon, La imagen
de los franceses (www.rebelion.org/noticia.php?id=30261).
Traducción de Beatriz Morales Bastos.
[8]
Véase
Edward S. Herman y Robert W. McChesney,
Los medios globales, los nuevos misioneros del capitalismo corporativo,
Ediciones Cátedra, Madrid 1999 (traducción de Manuel Talens).
[9] Véase Carlos Martínez,
Atacando el monopolio de la información desde los medios digitales
(www.rebelion.org/noticia.php?id=29547).
Traducción al inglés de Manuel Talens, con revisión de Mary Rizzo:
www.axisoflogic.com/artman/publish/article_21780.shtml.
[10] El lector queda invitado a
buscar y escuchar una maravillosa canción que Jean Ferrat escribió en
1966, Pauvre Boris, dedicada al músico y escritor Boris Vian,
en la que se dice textualmente: Voilà quinze ans qu’en Indochine la
France se déshonorait (www.paroles.net/chansons/19825.htm).
[11]
Para una somera biografía en francés de Charles Trenet, véase
www.chez.com/trenet/.
[12]
www.paroles.net/chansons/14099.htm.
[13]
Para una somera biografía en francés de Jean
Ferrat, véase
www.jean-ferrat.com/.
[14]
www.paroles.net/chansons/17677.htm.
[15] Louis-Adolphe
Thiers, primer presidente de la III República Francesa. Se lo recuerda
por haber aplastado en un baño de sangre la insurrección de la Comuna
de París cuando era primer ministro.
[16] Celle
de trente-six à soixante-huit chandelles.
Este verso de rima aconsonantada (belle /
chandelles) hace alusión a dos fechas importantes en el devenir de
la izquierda francesa durante el siglo XX, 1936 y 1968. La primera fue
el año de la victoria parlamentaria del Front Populaire de Léon
Blum, mientras que la segunda ha pasado a los anales como el año de
los sucesos de Mayo. Es aquí donde entra en juego la palabra
chandelles, proveniente de la expresión voir les trente-six
chandelles, muy utilizada en el boxeo, que significa literalmente
“ver las treinta y seis velas” y equivale a nuestro “ver la estrellas”
tras un golpe seco en la cabeza. La ingeniosa metábola permutativa de
ambas cifras que introduce Ferrat en esa expresión consagrada por el
uso le permite representar así, metafóricamente, el fracaso de la
insurrección estudiantil sesentaiochesca a manos del aparato represivo
de la República Francesa. Véanse
www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/contextos/3117.htm
y
www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/contextos/3671.htm.
El dibujante
español Juan Kalvellido es miembro del colectivo Tlaxcala, mantiene
una sección permanente en inglés en el sitio alternativo usamericano
Axis of Logic (www.axisoflogic.com/artman/publish/Juan.shtml) )
y su blog personal es
http://kalvellido.blogsome.com/.
Este ensayo está
dedicado al artista francés Dieudonné Mbala, candidato testimonial a
las elecciones presidenciales de 2007.