Premier
roman
MANUEL TALENS
En mayo de 1994 asistí en Chambéry (Francia) a la 7ª edición del Festival du Premier
Roman, invitado como representante de nuestro país con mi novela La parábola de Carmen
la Reina. Dicho festival iniciaba aquel año un taller de traducción en el que alumnos de
secundaria de la Savoie, fuera del horario escolar, vertían al francés un cierto número
de páginas de las dos obras seleccionadas, en español y en italiano. Mi sorpresa fue
mayúscula, pues no sólo me topé con numerosos adolescentes capaces de mantener en
nuestra lengua una conversación más que aceptable y de discutir la eficacia verbal de un
adjetivo sobre otro, sino que, además, tuve acceso a un happening popular en el que,
durante tres días, Chambéry vive al ritmo de los libros gracias a lecturas
multitudinarias, en bares y cafés, por parte de una docena de autores noveles franceses y
del vasto mundo de la francofonía, que se reúnen y hablan de tú a tú con amas de casa,
funcionarios o camareros, todos ellos lo bastante versados como para hacerles oportunas
preguntas sobre estructura narrativa, personajes o punto de vista. ¡Ah!, me
dije, ¿Estaré soñando?.
He tenido ocasión de hablar personalmente con un par de novelistas que, más tarde,
acudieron asimismo al Festival du Premier Roman: Javier Cercas, con El vientre de la
ballena, y Adolfo Muñoz, con Tengo palabras de fuego. Los tres compartimos el mismo
asombro, la misma incredulidad. Sacré nom de Dieu, quel pays, la France! ¿Qué pasaría
si, en este lado de los Pirineos, pongamos por caso en Albacete, a algún ingenuo se le
ocurriese montar un jaleo de tales características y fuera a pedir subvenciones para
ponerlo en marcha? Lo más probable es que lo echaran a gorrazos. Al final, Javier, Adolfo
y yo nos pusimos de acuerdo: Francia hizo la revolución hace dos siglos y aquí hemos
vivido entre curas y sargentos hasta anteayer. Hay errores históricos que uno nunca
termina de pagar.
|