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Debo a Abbé Nozal el título que encabeza
esta sección, ORO de LEY. Algunos de los textos, por distintas circunstancias, nunca vieron la luz en los medios tradicionales y estaban invernando, a la espera de una oportunidad, en ese cajón de sastre que es la memoria del ordenador.
Ahora gozarán de una nueva vida junto con los que concibo pensando expresamente en la virtualidad de
internet.
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