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ARTÍCULOS DE OPINIÓN / ORO DE LEY  

Tony Blair y la cuarta vía
MANUEL TALENS



Me indignaba yo el pasado febrero, en una colaboración, de que Tony Blair hubiera puesto su fuerza aérea al servicio de una empresa criminal como la que Bill Clinton estuvo a punto de llevar a cabo en Irak. Era el primer acto de ese circo en que se ha convertido el caso Lewinsky y, como ni el mismo presidente braguetero se creía del todo que el asunto del impeachment llegaría a donde ha llegado, le bastó entonces con lanzar amenazas, con enviar la flota al Golfo y con repetir en la televisión que Sadam Husein se estaba comportando peor que nunca: las aguas volvieron a su cauce, aquí hubo paz y allí gloria.

Sin embargo, la máxima de que cuando algo puede empeorar generalmente empeora ha vuelto a confirmarse y Clinton, con el agua al cuello, esta vez ha apretado el gatillo. No descubro ningún secreto al afirmar que los muertos de Bagdad son la moneda de cambio con la que piensa salvar su propio pellejo. Yo, desde luego, no esperaba otra cosa de él, pues, al fin y al cabo, para llevar las riendas de los Estados Unidos hay que ser, cuanto menos, un canalla en potencia.

Hasta ayer la vergüenza histórica de la Guerra del Golfo recaía únicamente sobre George Bush y el Partido Republicano. Desde ahora, Clinton y el Partido Demócrata comparten el dudoso honor de canjear inocentes vidas iraquíes por tranquilidad de puertas adentro. Pues no otra cosa es la democracia en Occidente: un día a día político basado en encuestas, en falsedades retóricas y en índices de satisfacción, ya que los ciudadanos, cada vez más ingenuos y desinformados, se tragan sin pestañear las patrañas propagandísticas en que verdaderos asesinos se hacen pasar por insobornables garantes del Bien.

Está claro que el sistema estadounidense ha sido, desde su concepción, derechista por antonomasia: lo primero es defender el negocio, caiga quien caiga. Pero, ¿qué podemos pensar de Blair? He aquí lo que escribí en febrero a propósito del dirigente británico: “Que un supuesto socialista como Tony Blair -el Labor Party dice representar a las clases trabajadoras- vaya a Washington, se fotografíe en postura casi concupiscente con su amigo Bill, asista a un guateque plagado de millonarios, politicastros, artistas de Hollywood y cantamañanas y termine por enviar al Golfo un portaaviones de la Royal Navy para ayudar en la carnicería, resulta francamente bochornoso”. Al final, ya lo sabemos, no hubo tal carnicería, pero ahora sí.

El 19 de diciembre, con los muertos todavía calientes, EL PAÍS publicó un artículo de Blair en el que éste incidía en la consabida dialéctica de buenos y malos y se daba golpes de pecho por los sufrimientos que tanto ingleses como yanquis estaban causando, lo cual no fue sino un intento muy cristiano de justificar la matanza. Aquí, en España, como tuvimos la Inquisición, sabemos que en nombre de una causa es posible cometer las barbaridades más grandes. Esta de ahora, por supuesto, es mucho peor que la de Torquemada, ya que sus misiles destruyen y exterminan con una contundencia desconocida en siglos pasados.

Tony Blair fue elegido utilizando como eslogan una supuesta tercera vía hacia el socialismo, comprensiva con el capital en tanto que creador de oportunidades, pero firme en la defensa de los derechos humanos, de la justicia distributiva y de la defensa de los más desposeídos. Todo lo cual, por si el ramalazo del pasado febrero no lo había dejado claro, era mentira podrida, ya que lo único que el individuo buscaba era llegar al poder.

Quizás, y puestos a seguir jugando con el lenguaje, podríamos decir que este caballerete inglés, después del as de la tercera vía que guardaba en la manga, acaba de sacar de la chistera lo nunca visto: una cuarta vía, la que pasa por el ensañamiento contra un pueblo que no tiene la culpa de padecer a Husein.

 

20 de diciembre de 1998

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