Parábola del sembrador
MANUEL TALENS
1. Y aconteció que andaba una vez Eduardo por la Comunidad Valenciana predicando el evangelio del reino de la democracia, y los doce iban con él. Y algunas mujeres que habían recibido sus bondades lo seguían. Los que hablaban de fútbol dejaron de hacerlo y se acercaron, y se juntó una gran multitud, y entonces Eduardo les refirió la siguiente parábola:
2. ‘Había una vez un político de centro que salió a sembrar en su comunidad y, sembrando, prometió medicina privada, solares donde construir, beneficios sin fin y manga ancha. Le salió el truco, pues fue elegido y, con él de presidente, los capitalistas se hicieron todavía más ricos. Pero sucedió que en una ciudad con tradición de izquierda, que votaba por costumbre a quienes afirman serlo, la semilla cayó sobre el asfalto y se secó. Al político de centro se le ocurrió entonces construir allí un hospital para arrebatar votos a sus adversarios, cobrando de paso comisiones de los empresarios locales, como es de rigor’. Y exponiendo estas cosas, Eduardo clamaba: ‘El que tenga oídos para oír que oiga’.
3. Once de sus discípulos, indiferentes al runrún y ansiosos por recibir la recompensa que les había prometido al contratarlos, le reclamaron: ‘Maestro, nos parece muy bien que engañes al pueblo elegido, pero yo necesito un enchufe para mi hija, y éste quiere que te lo lleves de
chófer, y aquel que le busques un cargo de consejero’. Y Eduardo los tranquilizó: ‘A vosotros, que sois la sal y los chorizos de la tierra, os es dado conocer los misterios del reino del chanchullo, mas a los demás he de hablarles en parábola, para que viendo no vean y oyendo no entiendan’.
4. Pero a su derecha Rafael, el discípulo predilecto, daba signos de gran nerviosismo y por eso Eduardo le preguntó: ‘Oh, Rafael, tú que fuiste de la extrema izquierda y sabes tanto, ¿acaso no han salido por mi boca las palabras justas?’
5. Rafael suspiró: ‘Maestro amado, se te ha hecho la lengua un lío entre lo que has de decir, que es el discurso, y lo que has de hacer, que es el negocio, y revelaste a la plebe nuestros planes secretos’. Y añadió en verso: ‘Por fortuna Baltasar está en Madrid, pues si llega a enterarse podría darte un susto, como el que le dio al chileno Augusto’. Y Eduardo le respondió: ‘¡Qué desliz el mío, Rafael! Dame pues el guión correcto y rectificaré.’ Rafael le pasó entonces el texto de la parábola del sembrador, impreso únicamente en la parte de arriba de la hoja para no sacar papada en la foto al inclinar la cabeza.
6. Y Eduardo, con el cuello tieso, leyó: ‘Había una vez un político de centro que salió a sembrar y, sembrando, prometió iniciativa social, parques temáticos, consenso, ética y transparencia. Y sucedió que tuvo gran éxito y lo votaron casi todos. Pero una ciudad persistía en el error de preferir a los corruptos, de manera que le ofreció en bandeja un ansiado hospital, para que la simiente cayera por fin en buena tierra, no sobre el asfalto, y diera fruto a ciento por uno. Los empresarios locales, convencidos del valor fraterno de aquella inversión, se unieron a él.’
7. Los lugareños, maravillados, comentaban entre sí: ‘Este Eduardo es verdaderamente el profeta que estábamos esperando’. Y hubo miles de conversiones. Rafael, en la sombra, sonreía.
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de abril de 2002 |
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