
Papá, no fumes
MANUEL TALENS
"¡Akí se fuma de tó!",
dice la viñeta del malagueño Kalvellido, dibujante habitual del
sitio web www.insurgente.org. La imagen muestra una señal
del código de circulación similar a las que se ven en carretera
-una circunferencia de color rojo-, salvo que el habitual ciervo
que salta o los niños que corren camino de la escuela, iconos
destinados a exigirnos prudencia al volante, han sido
sustituidos por un porro de marihuana. Kalvellido, el artista
natural más extraordinario que he conocido en los últimos
tiempos, con un estilo pictoricodigital fuera de lo común (se lo
recomiendo vivamente a los lectores), muestra así de forma
irónica lo que piensa de la nueva ley contra el tabaco que el
gobierno central acaba de sacarse de la manga.
El tabaco, claro está, es una plaga social
que lleva cinco siglos matando gente en todo el mundo y no seré
yo quien rompa una lanza a su favor. Hace tiempo que la
profesión médica conoce al dedillo los estragos que causa
(cánceres de pulmón, enfisemas y enfermedades cardiovasculares),
así como el coste económico que acarrea en horas de trabajo
perdidas por enfermedad, pero lo que me molesta de esa ley que
nuestros socialdemócratas alternantes pretenden hacer pasar por
progresista no es la bondad real de sus objetivos, sino más bien
que sirva de cortina de humo para ocultar la no injerencia en
desastres sociales más sangrantes y, sobre todo, mucho más
políticamente peligrosos de atajar, como son, por ejemplo, el
desempleo provocado por la globalización neoliberal, la
desindustrialización rampante, el racismo cada vez más audaz de
algunos núcleos de la sociedad española o la nunca puesta en
entredicho permanencia de nuestros militares en Afganistán, país
que desde luego no sufre en la actualidad un desgaste tan
horrendo como Irak, pero sí una ocupación igual de ilícita por
parte de los usamericanos, que se metieron allí con la
excusa de Bin Laden y no tienen visos de partir. Me pregunto qué
hacen allí nuestros soldados jugándose la vida, si el problema
lo creó Bush. ¿Por qué causa mueren los que mueren?
Para mí está claro que ésos son asuntos
cuya resolución parece más urgente que el tabaquismo, pero en
las sociedades burguesas, como la nuestra, a la hora de las
encuestas es más rentable casar homosexuales, promover la
ausencia de humo o marear la perdiz con estatutos autonómicos
que nadie ha leído ni leerá -yo estoy de acuerdo con las dos
primeras medidas, no se engañe el lector, la tercera me trae sin
cuidado- que enfangarse de verdad en lo que está destruyendo el
estambre ético de un país antaño solidario y ahora anestesiado
por un discurso monocorde que da por normal lo anormal y se
preocupa por lo superfluo.
Recuerdo que hace tiempo hubo aquí una
campaña publicitaria contra la velocidad en la que un niño le
decía a su padre, "papá, no corras". Parece que no tuvo mucho
éxito, porque el tráfico sigue siendo uno de los mayores
asesinos de españoles. En el esfuerzo actual contra el tabaco
preveo un resultado económico sin ganador, pues lo que el
gobierno se ahorre en muertos y en cuidados médicos lo perderá
en beneficios derivados de la venta de cigarrillos. Pero la
publicidad surte efecto retórico, eso sí: mi hija pequeña me
dijo el otro día, "papá, no fumes". Y eso que yo nunca he
fumado.

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